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Un presupuesto de enlace clásico termina con una relación portadora a ruido, C/N, y con ella se decide la modulación y el codificado. Pero el ruido térmico no es el único enemigo: en una banda compartida por decenas de redes, buena parte de la energía que entra al receptor procede de otros transmisores legítimos. Esa energía se caracteriza con la relación portadora a interferencia:
IC=potencia interferente, en el mismo ancho de banda de referenciapotencia de la portadora deseada
La diferencia cualitativa con el ruido es que la interferencia no es aleatoria y no baja al mejorar la antena de forma indiscriminada: es una señal estructurada, correlacionada con una geometría concreta, y su nivel depende de decisiones de terceros. Lo que el demodulador percibe es la suma de ambos efectos:
N+IC=[(NC)−1+(IC)−1]−1
Como regla de bolsillo: si C/I está 10 dB por encima de C/N, la degradación total es de unos 0.4 dB; si están al mismo nivel, la degradación es de 3 dB y la mitad de tu enlace se la come la interferencia. Por eso los objetivos de diseño típicos sitúan C/I entre 8 y 15 dB por encima del C/N operativo.
El umbral de coordinación: ΔT/T=6%
El Reglamento necesitaba un criterio simple para decidir cuándo dos redes tienen que hablarse. El elegido, recogido en el Apéndice 8, es el incremento relativo de temperatura de ruido equivalente del enlace víctima:
TΔT=TsistemaTinterferencia×100%
Si el incremento supera el 6%, la red interferente debe coordinarse con la afectada. El número parece arbitrario y no lo es: 10log10(1.06)=0.25 dB, es decir, un cuarto de decibelio de degradación. Por debajo de eso se considera que el efecto es despreciable frente a la incertidumbre del propio presupuesto de enlace.
Ejemplo resuelto: ¿hay que coordinar o no?
Un enlace de recepción tiene temperatura de sistema Ts=150 K. El umbral admisible es:
ΔTmax=0.06×150=9.0K
La potencia interferente que produciría ese incremento en un ancho de banda B=1 MHz, con k=1.38×10−23 J/K, es:
Como 4.83%<6%, la red no dispara la obligación de coordinar con esa víctima. Nótese lo delicado del resultado: bastaría con que la estación mejorase su receptor y bajase Ts a 110 K para que el mismo interferente diera 6.6% y la coordinación fuese obligatoria. Un receptor mejor es, paradójicamente, un receptor más fácil de perturbar en términos relativos — y por eso el umbral se calcula siempre sobre el sistema realmente desplegado.
Co-canal y canal adyacente
La interferencia co-canal ocupa exactamente la misma frecuencia que la portadora deseada. No hay filtro que la separe: la única defensa es espacial (separación angular, discriminación de haz) o de polarización. Es la que domina el análisis de compartición entre redes satelitales, porque el plan de frecuencias las obliga a solaparse.
La interferencia de canal adyacente procede de una portadora vecina cuya energía se desborda fuera de su canal nominal. Aquí sí interviene el filtrado, y se cuantifica con la discriminación neta de filtro (NFD, net filter discrimination): la relación entre la potencia interferente total y la que consigue atravesar el filtro del receptor. Valores típicos van de 20 a 30 dB para una portadora a un canal de distancia, y dependen de dos cosas que se negocian en coordinación: la máscara de emisión del transmisor y el factor de roll-off del filtro de recepción. Reducir el espaciado entre portadoras para meter más tráfico en la misma banda degrada la NFD; es el compromiso clásico entre eficiencia espectral y robustez.
La separación angular como primera defensa
La herramienta más poderosa de mitigación no está en el satélite: está en el patrón de radiación de la antena terrena. Una antena parabólica no ve solo hacia donde apunta, pero ve mucho peor fuera de su eje, y esa caída es exactamente la discriminación que protege al sistema.
Para coordinación, el Reglamento y las Recomendaciones no usan el patrón medido de cada antena — sería inmanejable — sino una envolvente de referencia. La clásica es la de la Recomendación UIT-R S.465:
G(θ)=32−25log10θdBi,θmin≤θ<48∘
G(θ)=−10dBi,48∘≤θ≤180∘
con θmin=max(1∘,100λ/D). Para antenas nuevas y eléctricamente grandes (D/λ≥50) se usa el objetivo de diseño más exigente de la Recomendación UIT-R S.580, G(θ)=29−25log10θ: tres decibelios menos de lóbulo lateral, que es justo lo que hace posible bajar el espaciamiento orbital de 3∘ a 2∘.
Ejemplo resuelto: C/I entre dos redes GSO separadas 3 grados
Una estación terrena con antena de D=1.2 m recibe en 12 GHz (λ=0.025 m) de un satélite cuya PIRE hacia ella es de 52 dBW. A 3∘ de arco hay otro satélite, co-frecuencia y co-polar, con PIRE de 50 dBW hacia la misma estación. Las distancias son prácticamente iguales, así que la pérdida de espacio libre se cancela.
Primero la ganancia máxima, con eficiencia η=0.65:
Pero en el arco hay satélites a los dos lados. Con dos interferentes equivalentes a ±3∘, la potencia interferente se duplica y C/I cae 3.0 dB, hasta 20.6 dB. Combinando con un C/N operativo de 12 dB:
La degradación es de 0.56 dB. Es un enlace sano. Ahora repite mentalmente el cálculo con una antena de 0.6 m: Gmax cae a 35.7 dBi, la discriminación a 15.6 dB, C/I de entrada única a 17.6 dB y con dos interferentes a 14.6 dB, lo que degrada el enlace en 1.4 dB. El tamaño del plato es una decisión regulatoria disfrazada de decisión de coste: antenas pequeñas obligan a mayor separación orbital, es decir, a menos posiciones útiles en el arco de la lección 6.
El repertorio completo de discriminación
Mecanismo
Discriminación típica
De qué depende
Separación angular a 3∘ (S.465)
20–25 dB
Diámetro de antena y frecuencia
Polarización ortogonal
25–30 dB nominal; 15–20 dB con lluvia intensa
XPD de la antena y despolarización del medio
Filtrado de canal adyacente (NFD)
20–30 dB
Máscara de emisión y filtro de recepción
Haces puntuales y reutilización espacial
20–40 dB
Patrón del haz del satélite y plan de células
Ensanchado de espectro y salto de frecuencia
10–30 dB de ganancia de proceso
Ancho de banda disponible frente al útil
La discriminación por polarización merece un párrafo aparte porque es la que más veces falla en la práctica. Dos portadoras co-frecuencia pueden coexistir si usan polarizaciones ortogonales — lineal horizontal y vertical, o circular dextrógira y levógira — y la calidad de esa separación se mide con la XPD (cross-polar discrimination). Una antena bien alineada da 30 dB o más en el eje, pero la XPD se degrada por tres causas: error de alineación del alimentador, degradación fuera del eje, y sobre todo despolarización por lluvia en Ku y Ka, donde las gotas achatadas rotan el plano de polarización. Un sistema que se apoya en 30 dB de XPD para su plan de reutilización descubre en el peor aguacero del año que solo tiene 15, justo cuando el margen de lluvia ya está consumido. Los dos efectos se correlacionan, y ese es el error de diseño que hay que evitar.
Cuando la interferencia es deliberada: jamming y spoofing
Todo lo anterior supone interferentes legítimos que cumplen su propia licencia. Existe la otra familia:
Jamming (bloqueo): emisión deliberada para negar el servicio. El de enlace ascendente es el más dañino, porque satura el transpondedor y el efecto se reparte por toda la huella del satélite: un solo emisor puede tumbar un servicio continental. El de enlace descendente es local y más fácil de geolocalizar. Sus formas típicas son de barrera (barrage, ruido de banda ancha), puntual (spot, contra una portadora concreta) y de barrido (sweep).
Spoofing (suplantación): inyección de una señal falsa con estructura válida para que el receptor la tome por auténtica. Es el ataque característico contra GNSS, donde falsear posición y tiempo tiene consecuencias inmediatas en navegación, en sincronización de redes y en el propio apuntamiento de las estaciones terrenas.
El caso que cambió la percepción del sector es el de Viasat/KA-SAT del 24 de febrero de 2022. Conviene contarlo con precisión, porque suele citarse mal: no fue interferencia de radiofrecuencia. Fue un ataque informático que, a través de la red de gestión del segmento terreno, distribuyó el wiper conocido como AcidRain, que borró el firmware de decenas de miles de módems y los dejó inservibles. El servicio cayó en Ucrania y el daño colateral alcanzó a miles de terminales en Europa central, incluidos los de control remoto de un parque eólico alemán. La lección es incómoda para un curso de espectro: la superficie de ataque de un sistema satelital no está solo en el aire; buena parte está en la red de gestión, en el software de los módems y en la cadena de actualización. Un enlace perfectamente protegido en RF puede caer sin que nadie encienda un transmisor.
En paralelo, la misma época registró un aumento verificado de interferencia RF deliberada sobre Europa oriental y Oriente Medio, con casos notificados a la UIT que afectaron a portadoras de radiodifusión por satélite y a GNSS en corredores aéreos. Es decir: las dos familias de amenaza — cibernética y radioeléctrica — se activaron a la vez, y la respuesta técnica tuvo que ser doble.
Sobre el frente radioeléctrico trabaja la publicación de CODE Aerospace sobre técnicas anti-jamming asistidas por aprendizaje automático en Ku/Ka (Springer, 2025). La idea es sustituir el umbral fijo de "potencia recibida anómala" por un clasificador que aprende la firma tiempo-frecuencia de la banda en condiciones sanas y detecta desviaciones estructurales — un barrido, un tono desplazándose, un ruido de barrera que sube en escalón — antes de que el enlace pierda sincronía. Detectar diez segundos antes es lo que permite conmutar de portadora, cambiar de haz o activar cancelación adaptativa mientras todavía hay enlace con el que hacerlo.
Monitoreo y comprobación técnica internacional
El Reglamento no solo prohíbe la interferencia perjudicial: organiza cómo se detecta y cómo se persigue. El Artículo 15 define el procedimiento de notificación de interferencia perjudicial — quién informa a quién, con qué formularios y en qué plazos — y el Artículo 16 establece el sistema internacional de comprobación técnica de las emisiones, una red de estaciones de monitoreo de administraciones voluntarias que miden, identifican emisiones y reportan a la Oficina de Radiocomunicaciones.
La pieza técnica que hace practicable la persecución es la geolocalización del interferente. La técnica estándar usa dos satélites — el afectado y uno adyacente que también capta la señal por su lóbulo lateral — y explota las diferencias de tiempo y de frecuencia de llegada:
TDOA (time difference of arrival): la diferencia de retardo entre ambos caminos define una hipérbola sobre el terreno.
FDOA (frequency difference of arrival): la diferencia de desplazamiento Doppler, causada por el movimiento residual de los satélites en su caja de estacionamiento, define una segunda curva.
La intersección de ambas acota el origen a una elipse de incertidumbre que, con buenas efemérides y una referencia conocida en tierra, puede bajar a pocos kilómetros. A partir de ahí el problema deja de ser de ingeniería y pasa a ser diplomático: se notifica a la administración responsable del territorio, que tiene la obligación reglamentaria de investigar y hacer cesar la emisión. Ese último tramo — el que convierte una elipse en una acción administrativa — es exactamente el trabajo del ingeniero regulatorio.
La cadena completa, del fotón al expediente, se ve así:
Laboratorio
La calculadora de este laboratorio reproduce el escenario del ejemplo resuelto y te deja moverlo entero. En un lado tienes la geometría del arco: la posición del satélite deseado, la de uno o varios interferentes y su separación angular. En el otro, los parámetros de la estación: diámetro de antena, frecuencia, eficiencia y elección de envolvente de referencia entre S.465 y S.580. El panel de resultados calcula la ganancia máxima, la discriminación a cada ángulo, el C/I de entrada única, el C/I agregado y el C/(N+I) final, y marca en rojo cuando el ΔT/T cruza el 6%.
Presta atención a la forma de la curva de discriminación. Es logarítmica, lo que significa que los primeros grados de separación valen muchísimo y los siguientes cada vez menos: pasar de 1∘ a 2∘ compra 7.5 dB, mientras que pasar de 6∘ a 7∘ apenas compra 1.7 dB. Toda la política de espaciamiento orbital de las últimas cuatro décadas es una consecuencia directa de esa curva.
Tres retos concretos:
Fija un objetivo de C/(N+I)≥11 dB con C/N=12 dB y dos interferentes simétricos. Encuentra el mínimo diámetro de antena que lo cumple a 3∘ de separación, y repite a 2∘. La diferencia entre ambos diámetros es el precio en hardware doméstico de densificar el arco.
Con la antena del reto anterior, activa la polarización ortogonal para uno de los interferentes y observa cuánto sube el C/I agregado. Después degrada la XPD de 30 a 15 dB para simular lluvia intensa y comprueba si el enlace sigue cumpliendo cuando, además, el margen de lluvia ya ha bajado el C/N.
Introduce un tercer interferente a 10∘ y verifica que su contribución al agregado es casi despreciable frente a los de ±3∘. Cuantifica en decibelios cuánto empeora el C/I total al añadirlo y relaciónalo con la pendiente de 25log10θ.
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Comprueba si distingues la naturaleza del incidente más citado del sector:
El incidente de Viasat/KA-SAT del 24 de febrero de 2022 se cita a menudo como ejemplo de amenaza a los sistemas satelitales. ¿Qué fue exactamente?
La interferencia se calcula con física, pero los límites que la acotan se deciden en una sala. En la lección 8 entramos en esa sala: cómo se construye, punto por punto, la agenda de una Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones, y qué se juega en la de 2027.
Laboratorio: Interferencia · Calculadora C/I y separación angular